Aunque los años pasen hay cosas que no cambian. Tinelli, Susana y Mirtha siguen siendo nuestra primera línea de estrellas, como hace diez años, como hace veinte. Trayectoria en horas de aire los avalan como divos y amos de la pantalla chica. Pero consolidados en el aire por popularidad y permanencia, Marley y Jorge Rial se arriman al histórico triunvirato.
La lista solía cortarse en tres, pero los años ampliaron la alianza que Tinelli-Susana-Mirtha armaron desde la televisión nacional. Sus nombres se convirtieron en la síntesis de un éxito que siempre es individual y a la vez masivo: porque el público los elige ellos son, y no otros. Mirtha Legrand, la mujer que a casi cincuenta años de su debut sigue escribiendo la historia de nuestra pantalla; Susana Giménez, la mujer show que sintetizó en su sello glamour y cultura popular; y Marcelo Tinelli, el pibe común del interior que se volvió el hombre de oro que parió la TV. En fin, los elegidos del pueblo para ser su reflejo.
La última década mostró la consolidación de dos nuevos candidatos que se ganaron el clamor televidente. Y a diferencia de otros, Jorge Rial y Marley hoy lograron dar con la talla que tantos ansiaron. A través del tiempo se consolidaron como cabezas de compañía, definieron un estilo personal en la conducción, se volvieron influyentes más allá de sus terrenos y en la actualidad ostentan la clase de éxito que no se trata tanto de batir records, sino de una permanencia en el radar del espectador. El fundador de Intrusos y el hombre favorito de Telefe ganaron su talla sin disputar lugares, ni competir en guerras con "el trío real". Su sitio entre esta realeza les llegó con naturalidad, como un premio amasado desde el origen en que aparecieron bajo la luz de un estudio.
Para Marley su plataforma de despegue llegó cuando partió de El Trece y se volvió en el fetiche probado de Telefe para los formatos internacionales que triunfan en el mundo. En cambio, Jorge Rial se abrazó a las tardes de América con Intrusos como el alma matter de un programa que redefinió el sub género del periodismo de chimentos. Marley, el capitán de la tele blanca, la de toda la familia, el chico más bueno de la clase. Rial, el villano que todo cuento merece, el engolosinado por la mitología de la cosa nostra de la farándula, el que hizo un buen negocio como la oveja negra del rebaño.
Marley y Rial se acercaron a ese pequeño firmamento. El que que hasta ayer era solo compartido por tres.
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